Aún no conozco sus rostros, pero desde aquí ya puedo sentir cuánto me aman.
Durante mucho tiempo fui un sueño en el corazón de mis papás, una ilusión que esperaron con amor, paciencia y mucha esperanza.
Cada día escucho sus voces, siento sus caricias y sé que cuentan los días para poder abrazarme por primera vez.
Falta muy poquito para encontrarnos, y aunque todavía estoy creciendo dentro de mamá, ya sé que llegaré a una familia que me ha esperado con todo su corazón.
Gracias por celebrar mi llegada, porque antes de nacer ya soy el niño más amado y esperado del mundo.
Román Alejandro